En nuestra vida hay momentos en los que sentimos que el tiempo avanza demasiado rápido y que las respuestas de Dios tardan demasiado en llegar. Oramos por un cambio, esperamos un milagro o anhelamos que una situación difícil termine cuanto antes. Sin embargo, los días pasan y nada parece suceder.
Es en esos momentos cuando la paciencia se convierte en una de las mayores pruebas de nuestra fe.
Muchas veces creemos que Dios se ha olvidado de nosotros porque no responde según nuestro calendario. Pero la Biblia nos enseña que Su tiempo siempre es perfecto. Él conoce lo que necesitamos, cuándo lo necesitamos y de qué manera será mejor para nuestra vida.
Si miramos las Escrituras, veremos que Dios nunca actuó antes ni después del momento indicado. Abraham esperó muchos años para recibir la promesa de un hijo. José pasó por la esclavitud y la prisión antes de convertirse en gobernador de Egipto. Lázaro fue resucitado cuando parecía que ya era demasiado tarde.
Lo que para las personas parecía un final, para Dios era el comienzo de un milagro.
Quizás hoy estés esperando una respuesta. Tal vez llevas tiempo orando por tu familia, por tu salud, por tu trabajo o por una puerta que todavía no se abre. No permitas que la espera debilite tu confianza.
Dios sigue obrando, incluso cuando no puedes verlo. Cada día de espera también forma parte de Su propósito. Él está preparando tu corazón, fortaleciendo tu fe y guiando cada detalle de tu camino.
Recuerda que la demora no significa abandono. El silencio no significa ausencia. Y la espera nunca es tiempo perdido cuando Dios está al control.
Confía en Él. Sigue orando. Sigue creyendo.
Porque Dios nunca llega tarde. Siempre llega en el momento perfecto.
“Todo lo hizo hermoso en su tiempo.” — Eclesiastés 3:11
https://play.google.com/store/apps/details?id=nueva.traduccion.VIVIENTE